Ningún cristiano del siglo XXI podrá excusar su incoherencia en la jerarquía eclesiástica, al menos, no en Roma

Hoy el martirio -testimonio- de la coherencia, lo ha manifestado Claudio María Celli, que preside el Pontifico Consejo de las Comunicaciones Sociales, durante su intervención en la pontificia de Salamanca. El punto tres es vital: la Iglesia pide coherencia, sólo eso, nada menos que eso, a las facultades de periodismo que se llamen católicas: a Salamanca, san Pablo CEU, Navarra, Murcia, Lovaina, Notre Dame, etc.
El compromiso de la Iglesia en la promoción de Facultades universitarias de inspiración cristiana responde a una exigencia nueva y antigua a la vez..
Exigencia antigua: la de formar las conciencias, para que la creatividad individual pueda empaparse del espíritu cristiano al contribuir a la creación compartida en los laboratorios del saber y la cultura.
Y a una exigencia nueva, a la que el Santo Padre Benedicto XVI llama "emergencia educativa", confirmada por los fracasos que no pocas veces afrontamos en los esfuerzos por formar personas integradas, capaces de colaborar con los demás y dar un sentido a la propia vida.
¿Cuáles son las esperanzas que la Iglesia católica deposita, considerando esta exigencia, en las Escuelas y Facultades de comunicación? Éstas habrían de ser, al igual que las demás Facultades de inspiración católica, sobre todo "lugares en los cuales encontrar a Dios vivo, que revela en Jesucristo la forma transformadora de su amor y de su verdad" (Benedicto XVI, Discurso a la "Catholic University of America", Washington, 17 abril 2008).
Como sucede con todas las instituciones educativas marcadas por el espíritu cristiano, su identidad no es "simplemente una cuestión de número de estudiantes católicos". Es una cuestión de convicción que no depende de las estadísticas, y obviamente, tampoco puede ser medida por la "ortodoxia naturalmente contenida" (ibid.). Como todas las demás Escuelas o Facultades católicas, éstas desean promover una lectura de la
historia y de las sensibilidades contemporáneas que garantice un anuncio más eficaz de la propuesta cristiana y una articulación cultural más creíble respecto a los valores que lleva consigo.
El testimonio (martirio) de la coherencia
el Congreso de Facultades en Roma urgía a los educadores cristianos y a las instituciones a dar un testimonio de coherencia entre la palabra y la acción, entre lo que se proclama y lo que se vive.
Las Facultades han de ser espacios donde la comunicación sea fluida, respetuosa, abierta, dialogante. En un clima de libertad responsable, los alumnos recibirán casi por "ósmosis" las claves que les permitirán ser comunicadores eficaces y constructores de sociedades pacíficas y participativas. Esta es una alta exigencia, quizá haya quien la considere una utopía, pero la tensión constante hacia la coherencia entre palabras y obras no puede más que ser factor de excelencia en la Institución.
http://www.zenit.org/article-31376?l=spanish
http://www.hispanidad.com/noticia.aspx?ID=129180

Hoy el martirio -testimonio- de la coherencia, lo ha manifestado Claudio María Celli, que preside el Pontifico Consejo de las Comunicaciones Sociales, durante su intervención en la pontificia de Salamanca. El punto tres es vital: la Iglesia pide coherencia, sólo eso, nada menos que eso, a las facultades de periodismo que se llamen católicas: a Salamanca, san Pablo CEU, Navarra, Murcia, Lovaina, Notre Dame, etc.
El compromiso de la Iglesia en la promoción de Facultades universitarias de inspiración cristiana responde a una exigencia nueva y antigua a la vez..
Exigencia antigua: la de formar las conciencias, para que la creatividad individual pueda empaparse del espíritu cristiano al contribuir a la creación compartida en los laboratorios del saber y la cultura.
Y a una exigencia nueva, a la que el Santo Padre Benedicto XVI llama "emergencia educativa", confirmada por los fracasos que no pocas veces afrontamos en los esfuerzos por formar personas integradas, capaces de colaborar con los demás y dar un sentido a la propia vida.
¿Cuáles son las esperanzas que la Iglesia católica deposita, considerando esta exigencia, en las Escuelas y Facultades de comunicación? Éstas habrían de ser, al igual que las demás Facultades de inspiración católica, sobre todo "lugares en los cuales encontrar a Dios vivo, que revela en Jesucristo la forma transformadora de su amor y de su verdad" (Benedicto XVI, Discurso a la "Catholic University of America", Washington, 17 abril 2008).
Como sucede con todas las instituciones educativas marcadas por el espíritu cristiano, su identidad no es "simplemente una cuestión de número de estudiantes católicos". Es una cuestión de convicción que no depende de las estadísticas, y obviamente, tampoco puede ser medida por la "ortodoxia naturalmente contenida" (ibid.). Como todas las demás Escuelas o Facultades católicas, éstas desean promover una lectura de la
historia y de las sensibilidades contemporáneas que garantice un anuncio más eficaz de la propuesta cristiana y una articulación cultural más creíble respecto a los valores que lleva consigo.El testimonio (martirio) de la coherencia
el Congreso de Facultades en Roma urgía a los educadores cristianos y a las instituciones a dar un testimonio de coherencia entre la palabra y la acción, entre lo que se proclama y lo que se vive.
Las Facultades han de ser espacios donde la comunicación sea fluida, respetuosa, abierta, dialogante. En un clima de libertad responsable, los alumnos recibirán casi por "ósmosis" las claves que les permitirán ser comunicadores eficaces y constructores de sociedades pacíficas y participativas. Esta es una alta exigencia, quizá haya quien la considere una utopía, pero la tensión constante hacia la coherencia entre palabras y obras no puede más que ser factor de excelencia en la Institución.
http://www.zenit.org/article-31376?l=spanish
http://www.hispanidad.com/noticia.aspx?ID=129180
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